lunes, 1 de octubre de 2012

La Mariposa Rebelde


SUBCOMANDANTE MARCOS

La Rebeldía es como esa mariposa que dirige su vuelo hacia ese mar sin islas ni rocas. Sabe que no habrá donde posarse y, sin embargo, su vuelo no titubea.

Y no, ni la mariposa ni la rebeldía son tontas ni suicidas, lo que pasa es que saben que tendrán donde posarse, que hay por ahí un islote que ningún satélite ha detectado. Y ese islote es una rebeldía hermana que, es seguro, saldrá a flote justo cuando la mariposa, es decir, la rebeldía voladora, empiece a desfallecer.

Entonces la rebeldía voladora, es decir, la mariposa marina, pasará a formar parte de ese islote emergente, y será así el punto de apoyo para otra mariposa que ya emprende su vuelo decidido rumbo al mar.

La cosa no pasaría más allá de una curiosidad en los libros de biología, pero, como dijo no sé quién, el aletear de una mariposa suele ser el origen de los grandes huracanes. Con su vuelo, la rebeldía voladora, es decir, la mariposa, está diciendo ¡NO! No a la lógica. No a la prudencia. No a la inmovilidad. No al conformismo.

Y nada, absolutamente nada, será tan maravilloso como ver la osadía de ese vuelo, apreciar el desafío que representa, sentir cómo se empieza a agitar el viento y ver cómo, con esos aires, no son las hojas de los árboles las que tiemblan, sino las piernas de los poderosos que hasta ese entonces pensaban, ingenuos, que las mariposas morían mar adentro.

Pues sí, mi apreciado moscovita, es sabido que las mariposas, como la rebeldía, son contagiosas. Y hay mariposas, como rebeldías, de todos los colores. Las hay azules, que se pintan así para que el cielo y el mar se las disputen. Y las hay amarillas, para que el sol las abrace. Las hay rojas, pintadas así por sangre rebelde. Las hay marrones, que llevan así en las olas el color de la tierra. Las hay verdes, que es como suele pintarse la esperanza. Y todas son piel, piel que brilla sin importar el color que las pinte. Y hay vuelos de todos los colores. Y hay veces que se juntan mariposas de todas partes y entonces hay arcoiris.
Y la tarea de las mariposas, lo dice cualquier enciclopedia que se respete, es traer el arcoiris más abajo de modo que los niños puedan aprender a volar

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