sábado, 20 de agosto de 2011

«Todo es de todos»


1885
Ciudad de México

dice Teodoro Flores, indio mixteco, héroe de tres guerras.
  —¡Repítanlo!
  Y los hijos repiten: Todo es de todos:
  Teodoro Flores ha defendido a México contra los norteamericanos, los conservadores y los franceses. El presidente Juárez le dio por premio tres fincas, con buena tierra. Él no aceptó.
  —La tierra, el agua, los bosques, las casas, los bueyes, las cosechas. De todos ¡Repítanlo!
  Y los hijos repiten.
  Abierta al cielo, la azotea está casi a salvo del olor a mierda y a fritanga, y hay casi silencio. Aquí se puede tomar el fresco y conversar, mientras en el patio de abajo los hombres disputan una hembra a cuchilladas, alguien llama a gritos a la Virgen y los perros aúllan trayendo muerte.
  —Cuéntenos de la sierra —pide el hijo menor.
  Y el padre cuenta cómo se vive en Teotitlán del Camino. Allí trabajan los que pueden y se reparte a cada cual lo que necesita. Está prohibido que nadie tome más de lo que necesita. Eso es delito grave. En la sierra se castigan los delitos con silencio, desprecio o expulsión. Fue el presidente Juárez quien llevó la cárcel, que allá no se conocía. Juárez llevó jueces y títulos de propiedad y mandó dividir la tierra común:
  —Pero nosotros no hicimos caso a los papeles que nos dio.
  Teodoro Flores tenía quince años cuando aprendió la lengua castellana. Ahora quiere que sus hijos se hagan abogados, para defender a los indios de las artimañas de los doctores. Por eso los trajo a la capital, a esta pocilga estrepitosa, a malvivir amontonados entre hampones y mendigos.
  —Lo que Dios creó y lo que el hombre crea. Todo es de todos ¡Repítanlo!
  Noche tras noche, los niños lo escuchan hasta que los voltea el sueño.
  —Nacemos todos iguales, encueraditos. Somos todos hermanos ¡Repítanlo!


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