lunes, 14 de diciembre de 2009

Las guerras justas de Obama

Gilberto López y Rivas, Rebelión, 14-12-2009

A propósito de la evocación de Barack Obama del concepto de “guerra justa” al momento de recibir el inmerecido y desprestigiado Premio Nobel de la Paz, es necesario recordar a V. I. Lenin en su análisis de la primera guerra mundial1 en el que establece algunos criterios generales para el estudio del conflicto bélico: a).- condena las guerras entre los pueblos como algo bárbaro y feroz; b).- establece que cada guerra deberá estudiarse en su contexto y particularidad histórica; c).- distingue el lazo inevitable que une a las guerras con la lucha de clases en el interior de cada país; d).- reconoce la legitimidad, el carácter progresista y la necesidad de las guerras civiles que libran los oprimidos contra sus opresores, que más bien se adscriben en el derecho de los pueblos a la rebelión, la revolución y la resistencia; e).- emplea el término de “guerra justa”, que según él fue una expresión introducida por W. Liebknecht, cuando se refiere a las guerras de liberación nacional, o por la “defensa de la patria” sólo en el caso de Estados oprimidos, dependientes, menoscabados en sus derechos, que resisten a las grandes potencias opresoras, esclavistas y expoliadoras; y f).- denuncia que las burguesías en sus guerras imperialistas manipulan los conceptos de “guerra defensiva”, “defensa de la patria” o “guerra justa”, para encubrir sus reales objetivos de repartirse el mundo y sojuzgar otras naciones.

Estados Unidos surgió como nación a partir de una guerra anti-colonial contra el dominio de la Corona Británica. A partir de este acontecimiento de singular importancia histórica, todas las guerras en las que ha participado este país, hasta la segunda guerra mundial, y después de ella, no han tenido la menor legitimidad: la guerra de exterminio y reducción de los pueblos indios que ocupaban el inmenso territorio despojado y expropiado a sus dueños originales; la guerra de 1812 contra Inglaterra, que fue un intento fracasado de anexión del territorio de Canadá a la Unión Americana; la guerra de conquista territorial (1845-1848) contra la joven república de México que logró la anexión de más de la mitad de su territorio buscada afanosamente por los “padres fundadores”; la guerra civil que determinó el rumbo industrial-capitalista de la explotación de las clases y pueblos oprimidos al interior de la nación; la guerra neocolonial contra España en 1898 en la que consiguió apoderarse de algunas de sus posesiones territoriales; de la cual derivó también la sangrienta guerra de ocupación contrainsurgente estadounidense en Filipinas de 1889-1913; la guerra imperialista (1914-1918) en que Estados Unidos incursiona por primera vez en Europa en la etapa final del conflicto; las numerosas intervenciones bélicas abiertas y encubiertas en América Latina como poder imperialista (en donde Sandino consiguió la primera derrota militar de Estados Unidos en la región utilizando la guerra de guerrillas); la guerra de Corea y Vietnam para contener la revolución socialista en esos países, por recordar algunos de los eventos más importantes.

Incluso, la participación de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, se llevó a cabo con la perspectiva de minar al máximo a la Unión Soviética, contener el avance de los comunistas en Europa, y establecer finalmente sus dominios imperiales en el ámbito mundial después de la derrota del eje Alemania-Japón-Italia.

Es necesario señalar la responsabilidad manifiesta de Estados Unidos, Inglaterra y Francia en el estallido de esta guerra, al estimular y permitir el rearme de Alemania, al solapar el crecimiento vertiginoso de sus fuerzas armadas y al invocar neutralidad frente a las agresiones fascistas en Etiopia en 1935, a España en 1936, a Austria y Checoslovaquia en 1938 y a Polonia en 1939. El anti-sovietismo y el anti-comunismo estuvieron presentes a lo largo de la contienda bélica y fueron un factor subyacente en la singular conducción de la guerra por parte de los aliados occidentales de la Coalición anti hitleriana. El retraso en la apertura del Segundo Frente hasta el año 1944, cuando ya el curso de la guerra se había definido en el frente soviético, y la sistemática política de las “acciones pequeñas”, tenían por objeto lograr el desgaste e incluso la eventual derrota de la URSS. Durante el inicio y el desarrollo de la guerra, las clases trabajadoras integran la resistencia antifascista, esto es, la participación activa de los pueblos en la resistencia nacional y el peso de la Unión Soviética en la contienda, van cambiando la naturaleza misma de la guerra: de imperialista se transforma en una guerra popular, antifascista, cobrando de este modo el carácter de una guerra justa y necesaria hasta la derrota el eje nazi-fascista.

El “patriotismo estadounidense” se ha nutrido de una historia de genocidios, etnocidios, despojos y conquistas territoriales; se fundamenta en las nociones etnocentricas y racistas de “pueblo escogido” por “la providencia” para expandir su dominio sobre el continente, en su primera etapa, y después en el mundo entero; en el “destino manifiesto” que dio forma ideológica al expansionismo territorial; en el intervencionismo permanente y sistemático sobre América Latina; en la conquista de territorios más allá de sus fronteras continentales por la acción directa de sus marines. Su patriotismo implica la idea del “policía mundial” que vigila el cumplimiento de su ley y protege sus intereses y seguridad “nacionales” por encima de cualquier otro; se alimenta de los mitos de “salvadores del mundo” propalados por la propaganda cinematográfica; los incansables Rambos matando comunistas, y ahora “terroristas”, en nombre de la justicia, la democracia y la libertad.

Otorgar el Premio Nobel de la paz a un comandante en jefe de matones y picópatas es grotesco e inconcebible y no tiene justificación alguna. Obama ha incrementado el número de tropas en Afganistán, ampliado su intervención en Pakistán, amenazado a Irán y sofisticado la guerra de ocupación en Iraq ahora con la profundización de la ayuda de antropólogos mercenarios que indican las rutas culturales para romper las redes de la resistencia y comprar a iraquíes que maten a iraquíes; ha apoyado el golpe militar en Honduras con malicia e hipocresía; ha sostenido el bloqueo contra el pueblo y el gobierno de Cuba; ha continuado con la ocupación de Colombia a través de bases militares que amenazan a Venezuela y a Bolivia; todo ello, justificado por el derecho a llevar a todos los confines del mundo “la guerra justa y necesaria”… para las corporaciones capitalistas de Estados Unidos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

El discurso de rechazo de Obama

David Swanson
After Downing Street

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


No fue un discurso de aceptación del premio de la paz. Fue un comercial informativo por la guerra. El presidente Obama se llevó el premio de la paz, pero dejó en Oslo su elogio a la guerra, sus justificaciones de la guerra, y su visión de un enfoque alternativo y más pacífico del mundo formado por sanciones económicas asesinas.

Algunos puntos destacados:

“Y luego hay hombres y mujeres alrededor del mundo que han sido encarcelados y golpeados en su búsqueda de la justicia; gente que trabaja en organizaciones humanitarias para aliviar el sufrimiento; millones en el anonimato cuyos silenciosos actos de valentía y compasión inspiran incluso a los cínicos más empedernidos. No puedo contradecir a quienes piensan que estos hombres y mujeres –algunos conocidos, otros desconocidos para todos excepto para quienes reciben su ayuda– merecen este honor muchísimo más que yo.”

Pero usted los contradijo. Los contradijo al aceptar el premio – y al utilizar a continuación argumentos falsos a favor de la guerra:

“La guerra, de una forma u otra, surgió con el primer hombre. En los albores de la historia, no se cuestionaba su moralidad; simplemente era un hecho, como la sequía o la enfermedad, la manera en que las tribus y luego las civilizaciones buscaban el poder y resolvían sus discrepancias.”

Esto, simplemente, no vale para todas las tribus y civilizaciones, a menos que incluyamos la realización de guerras como un criterio para ser considerado civilizado.

“Surgió el concepto de “guerra justa”, que proponía que la guerra solamente se justifica cuando cumple con ciertas condiciones previas: si se libra como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional y, en la medida posible, si no se somete a civiles a la violencia.”

¿Cómo se atreve alguien responsable por ocupaciones ilegales y ataques aéreos y el uso de drones sin tripulación a decir estas palabras? (Responsable, es decir, debido a que el Congreso y nosotros el pueblo no fuimos capaces de impedirlo.)

“Estados Unidos lideró al mundo en el desarrollo de una estructura para mantener la paz: un Plan Marshall y Naciones Unidas, mecanismos para regir la manera en la que se libran guerras, los tratados para proteger los derechos humanos, evitar el genocidio y restringir las armas más peligrosas.”

¿Cómo se atreve un presidente que se niega a apoyar un tratado sobre las minas terrestres a utilizar estos términos? ¿Se supone que no veamos las acciones y sólo escuchemos las palabras?

“Hago esta afirmación consciente de lo que Martin Luther King dijo en esta misma ceremonia hace años: ‘La violencia nunca produce paz permanente. No resuelve los problemas sociales: simplemente crea problemas nuevos y más complicados’”

Muy sabio. Muy verdadero. Y violado totalmente por las acciones de Barack Obama y la mayor parte de las palabras en este discurso. ¿Se supone que oigamos estas palabras en una parte diferente de nuestros cerebros del resto del discurso y su propugnación de la guerra?

“Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler. La negociación no puede convencer a los líderes de Al Qaeda a deponer las armas.”

Ahora un grupo de menos de 100 individuos coléricos en Afganistán, y sus aliados en otros sitios son el equivalente aproximado de los “ejércitos de Hitler” y justifican la brutal ocupación de una nación por decenas y cientos de miles de soldados y mercenarios, tanques y aviones, y drones sin tripulación. Y negociaciones, con los talibanes y con quien sea, no son posibles porque… porque… bueno, por esa retórica sobre los ejércitos de Hitler.

“Estados Unidos de Norteamérica ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres de uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania hasta Corea, y permitido que la democracia eche raíces en lugares como los países balcánicos. Hemos sobrellevado esta carga no porque queremos imponer nuestra voluntad. Lo hemos hecho por un interés propio y bien informado:…”

Un estudio del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) de 1993 de los registros del Centro Histórico Naval de la Armada de EE.UU. identificó “234 casos en los que EE.UU. ha utilizado sus fuerzas armadas en el extranjero en situaciones de conflicto o de conflicto potencial o para otros propósitos que no son normales en tiempos de paz” entre 1798 y 1993. Esta lista no incluye acciones clandestinas o acuerdos de fuerzas de ocupación y de bases posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En una reseña de 2006 de este estudio y dos otros, Gar Smith estableció que “en los 230 años de existencia de nuestro país, ha habido 31 años en los que tropas de EE.UU. no estuvieron activamente involucradas en importantes aventuras armadas en costas extranjeras.” En otras palabras, menos de un 14% de los días de EE.UU. han sido pacíficos. En 2006 había 192 Estados miembro de Naciones Unidas. Durante los últimos dos siglos, EE.UU. ha atacado, invadido, patrullado, derrocado u ocupado a 62 de ellos. (Lea más, en inglés)

“…considero que todos los países, tanto fuertes como débiles, deben cumplir con estándares que rigen el uso de fuerza. Yo, como cualquier jefe de Estado, me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país.”

La Carta de Naciones Unidas, de la cual es parte EE.UU., y que es por lo tanto la ley suprema de EE.UU. bajo el Artículo VI de la Constitución no es aparentemente un estándar que gobierne el uso de la fuerza, ya que el presidente Obama acaba de descartarla en una declaración de la Doctrina Obama que parece indistinguible de la así llamada doctrina Bush. Obama luego redobla con una doctrina de guerra humanitaria de Bush I/Clinton:

“Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los países balcánicos o en otros lugares afectados por la guerra. La inacción carcome nuestra conciencia y puede resultar en una intervención posterior más costosa. Es por eso que todos los países responsables deben aceptar la noción de que las fuerzas armadas con un mandato claro pueden ejercer una función en el mantenimiento de la paz.”

Obama equipara la acción no militar, la acción no hostil, con la inacción pura y simple. ¿Dónde está la ayuda? ¿Dónde está la diplomacia? ¿Dónde está la cooperación? ¿Por qué todas esas actitudes no hostiles ante otras naciones no aparecen en el texto de un discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz a sólo 25 años de 1984?

“La paz requiere responsabilidad. La paz conlleva sacrificio. Es por eso que la OTAN continúa siendo indispensable.”

¿Qué se puede decir para hacer que esa declaración sea menos persuasiva de lo que ya es? Tal vez esto:

“Es por eso que prohibí la tortura. Es por eso que ordené que se clausure la prisión en la Bahía de Guantánamo. Y es por eso que he reiterado el compromiso de Estados Unidos de cumplir con el Tratado de Ginebra.”

La tortura era ilegal internacionalmente y en el código legal de EE.UU. antes que Obama llegara a ser presidente. Instruyó públicamente al Fiscal General de EE.UU. para que no impusiera esas leyes. Reivindicó el poder de “entregar” gente a otras naciones donde podrían ser torturadas. Su director de la CIA y un alto asesor presidencial han afirmado que el presidente tiene el poder de torturar si decide hacerlo. Y el presidente Obama afirma aquí que tiene el poder para prohibir o no prohibir la tortura, escupiendo a la cara de la idea misma del vigor de la ley. La prisión de Guantánamo no ha sido cerrada, y el transporte de esos prisioneros a Illinois o Bagram o a cualquier otra prisión de EE.UU. no regida por la ley no hará que EE.UU. cumpla con las Convenciones de Ginebra.

“He hablado extensamente sobre asuntos que debemos sopesar con la razón y el corazón cuando optamos por librar guerra. Pero permítanme pasar ahora a nuestro esfuerzo por evitar opciones tan trágicas y hablar sobre tres maneras en que podemos promover una paz justa y duradera.”

Por fin, a mitad del discurso, se nos presenta una gota de esa sustancia tóxica con marca de fábrica: la esperanza. Basta con tragarse una buchada de esto:

“En primer lugar, al tratar con aquellos países que trasgreden normas y leyes, creo que debemos desarrollar alternativas a la violencia que son suficientemente firmes como para cambiar la conducta, pues si queremos una paz duradera, entonces las palabras de la comunidad internacional deben tener peso. Se debe hacer que aquellos regímenes que van en contra de las normas rindan cuentas por sus actos. Las sanciones deben conllevar un escarmiento real. La intransigencia debe combatirse con mayor presión, y esa presión existe sólo cuando el mundo actúa al unísono.”

Dejemos a un lado la hipocresía del habla del globalismo y del vigor de la ley de parte de un comandante en jefe que escala las guerras y ocupa 177 naciones en todo el mundo. El mensaje es que una alternativa decente a la guerra son sanciones agobiantes que “conlleven un escarmiento real”. La sabiduría de una visión no violenta creativa no ha sido interiorizada. Y el presidente no desarrolla mucho más la idea, volviéndose en su lugar a las armas nucleares:

“…y quienes tienen armas nucleares deben procurar el desarme. Me he comprometido a plasmar este tratado. Es el eje de mi política exterior. Y estoy trabajando con el Presidente Medvedev para reducir las reservas de armas nucleares de Estados Unidos y Rusia. Pero también nos incumbe a todos insistir en que países como Irán y Corea del Norte no jueguen con el sistema. Quienes afirman respetar las leyes internacionales no deben hacer caso omiso de cuando se incumplen dichas leyes.”

EE.UU. no procura seriamente el desarme, desarrolla nuevas armas nucleares, viola claramente el Tratado de No Proliferación Nuclear. E Irán no lo viola.

“Estados Unidos nunca ha librado una guerra contra una democracia, y nuestros amigos más cercanos son los gobiernos que protegen los derechos de sus ciudadanos.”

El presidente Obama, en su famoso discurso de Oriente Próximo hace algunos meses reconoció admirablemente el derrocamiento por EE.UU. de un presidente democráticamente elegido en Irán, y la instalación de un dictador – quien, como muchos dictadores entonces y ahora, fue uno de nuestros amigos más cercanos. El gran éxito en el derecho internacional en los últimos años ha sido el precedente establecido por fiscales que trataban de hacer rendir cuentas a Augusto Pinochet. ¿Alguien recuerda cómo llegó al poder?

“Entonces, incluso mientras respetamos las culturas y tradiciones particulares de diferentes países, Estados Unidos siempre será una voz para las aspiraciones universales.”

Por cierto.

“Permítanme decir esto también: la promoción de los derechos humanos no puede limitarse a la exhortación. A veces, debe ir acompañada de laboriosa diplomacia. Sé que el trato con regímenes represivos carece de la grata pureza de la indignación. Pero también sé que las sanciones sin esfuerzos de alcance –y la condena sin discusión– pueden mantener un status quo agobiante. Ningún régimen represivo puede ir por un nuevo sendero a no ser que tenga la opción de una puerta abierta.”

Y ahí, cuando este discurso reprensible se acerca a su fin, están las palabras con las que debiera haber empezado, las palabras desmentidas por el ímpetu de todo lo demás y por las acciones del hombre que las estaba pronunciando. Y luego hubo un poco más:

“…una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino que debe abarcar la seguridad económica y las oportunidades, pues la paz verdadera no es solamente la falta de temor, sino también la falta de privaciones.”

Una declaración amarga si es escuchada por el pueblo de Afganistán o el de EE.UU. de boca de un presidente que ha actuado para desviar nuestros recursos hacia arriba para Wall Street y hacia abajo para bombas y bases. Pero, a pesar de ello, es verídica y vale la pena repetirla.

No imaginemos, sin embargo, que George W. Bush no habría dicho lo mismo. Simplemente lo hubiera dicho con un presupuesto militar más pequeño, un presupuesto de guerra más pequeño, menos soldados en el terreno, menos mercenarios en el terreno, bases en menos países, y una gramática peor.



David Swanson es autor del nuevo libro "Daybreak: Undoing the Imperial Presidency and Forming a More Perfect Union" de Seven Stories Press. http://davidswanson.org/book.

Fuente: http://www.afterdowningstreet.org/node/48291

Sobreviviendo

A propósito de su "guerra necesaria" para mantener "su paz"

viernes, 11 de diciembre de 2009

Visita a la ELAM en Cuba


Como parte del curso IPHU-Habana 2009 se realizó una visita a la Escuela Latino Americana de Medicina para conocer el origen y desarrollo del proyecto. Escuchamos las palabras de la Vicerectora Docente Dra. Pilares Castilla y las de algunos de los alumnos.

Pica aquí para escucharla, descargarla, compartirla.

ROSALÍA

Orlando León (Venezolano)

Rosalía Sánchez tiene siete niños
Y doce enfermedades, tres abortos
y un tugurio y basura para fruición de un sociólogo.
Rosalía tiene veintisiete años, cien años, quinientos años.
Rosalía necesita desde hace treinta años, cien años, quinientos años:
Comer.

Quien quiere comprar la maquina de comer de Rosalía?
Quien quiere comprar quinientos años, quinientas Rosalías,
no deteniéndose técnicamente en los quinquenios?
Rosalía es una criada que tuvo una vez un policía,
que tuvo una vez un peón, que tuvo una vez un niño,
siete veces un niño. Rosalía es de hueso y carne
lo mismo que una vaca, que una gallina,
pero sin potrero, sin corral.

Hierba para Rosalía! Maíz para Rosalía!
Hace quinientos, mil, doce mil años, desde los tiempos de Ur,
Rosalía quiere maíz. Cuando pintaban en la cueva de Altamira,
Rosalía tenia veinte años, tres niños y brillaba la luna.
Rosalía siempre ha tenido tres niños, veinte años, un aborto,
y brillaba la luna.

Embarazada, Rosalía vive bajo un puente.
Yo veo a Rosalía. Rosalía tiene suerte de vivir
en un mundo organizado.

Rosalía llena formularios para pedir una casita,
Rosalía hace colas en el Ministerio de Salud Publica,
Colas de cinco horas, con un niño meado entre los brazos.

El Presidente dice: “ningún ciudadano...”, etc.
Rosalía vive en un mundo organizado!

Hay una Constitución, los Derechos del Hombre,
la prostitución, la Iglesia.

Pero si Rosalía no tiene para comerse una galleta,
como va a entender el palpitar de la nevera?
Mojar en leche un automóvil?
Tendida en un sofá, mover el tocadiscos?
Y esto es civilización? Ahora que Rosalía no puede
exprimir, a las cinco de la tarde, un Jazz en te?

Rosalía tiene que vivir en un mundo organizado!

Ya vamos a llegar a la luna; te escribiré desde la luna, amor.

Patatas en fotosíntesis, claveles en fotosíntesis, rosas en fotosíntesis.
Por un químico huerto volaran las libélulas.

Pero Rosalía tiene siete niños en plena civilización,
Una civilización metafísica que no puede resolverle
el problema a Rosalía.

Los años que hace que Rosalía anda con sus niños
de mierda en mierda, de constitución en constitución,
de Dios en Dios!

Rosalía tiene veinte años, cien años, veintisiete mil años.
Rosalía tiene mierda en el sueño.
Rosalía sueña con mierda.
Pero la mierda no es ella.

Homenaje a Beco Beytelman que me enseño este poema en Chile en mis jóvenes e impresionables años de estudiante.
Claudio Schuftan
aviva@netnam.vn

http://www.archive.org/details/Rosalapoema

Premiando

Carta abierta de Aminetu Haidar a la sociedad civil el Día de los Derechos Humanos


Aminetu Haidar
Plataforma de Apoyo a Aminetu Haidar


Hoy [por ayer] es 10 de Diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. En estos momentos en los que se conmemora un día sagrado para la Humanidad, un día de ideales y de principios que garantizan los derechos básicos; yo, que soy defensora de Derechos Humanos, estoy en huelga de hambre desde hace 25 días a causa de la injusticia y de la falta de respeto a los Derechos Humanos.

Hoy, después de mi expulsión ilegal de mi tierra por las autoridades marroquíes, después de ser retenida ilegalmente en este aeropuerto de Lanzarote por el Gobierno español y de ser separada de mis hijos contra mi voluntad, siento más que nunca el dolor de las familias saharauis separadas desde hace más de 35 años por un muro de más de 2.600 kilómetros.

Hoy, como cada día, sufro pensando en mis compañeros encarcelados, sufro pensando en los siete activistas de Derechos Humanos que, por decisión arbitraria del gobierno marroquí, van a comparecer ante un tribunal militar y son amenazados con la pena de muerte. Pienso también en la población saharaui, oprimida y reprimida diariamente por la policía marroquí en el Sahara Occidental. Y pienso en su futuro.

En este Día Internacional de los Derechos Humanos felicito a todas las personas libres que defienden los derechos elementales y se sacrifican para lograr paz en el mundo, y al mismo tiempo les lanzo un llamamiento urgente para la protección de los derechos de mi pueblo, el pueblo saharaui.

Hoy es también un buen día para la esperanza, un día que aprovecho para pedir al mundo y especialmente a las madres, que apoyen mi reivindicación, que es el regreso al Sahara Occidental. Deseo abrazar a mis hijos, deseo vivir con ellos y con mi madre, pero con dignidad.

Hoy quiero agradecer a la sociedad española su solidaridad y su defensa continua de los derechos legítimos del pueblo saharaui y también, su solidaridad conmigo en estos duros momentos.

Aeropuerto de Lanzarote, 10 de Diciembre de 2009
http://todosconaminetu.blogspot.com/

martes, 8 de diciembre de 2009

¿Por qué ganó Evo?




Atilio A. Boron, Rebelión, 08-12-2009

Una semana atrás celebrábamos el triunfo de Pepe Mujica en Uruguay. Hoy tenemos renovadas -y también más profundas razones- para festejar la extraordinaria victoria de Evo Morales. Tal como lo señalara hace ya un tiempo el analista político boliviano Hugo Moldiz Mercado, el rotundo veredicto de las urnas marca al menos tres hitos importantísimos en la historia de Bolivia: (a) es el primer presidente democráticamente reelecto en dos términos sucesivos; (b) es el primero, además, en mejorar el porcentaje de votos con que fue electo la primera vez: 53.7 % contra el actual 63.3 %; y, (c) es el primero en obtener una abrumadora representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Además, pese a que aún no se dispone de los escrutinios definitivos es casi seguro que Evo obtendrá los dos tercios en el Senado y en la Cámara de Diputados, lo que le permitiría nombrar autoridades judiciales y aplicar la nueva Constitución sin oposición. Todo esto lo convierte, desde el punto de vista institucional, en el presidente más poderoso en la convulsionada historia de Bolivia. Y un presidente comprometido en la construcción de un futuro socialista para su país.

Obviamente, estos logros no le impedirán Washington reiterar sus conocidas críticas acerca de la “defectuosa calidad institucional” de la democracia boliviana, el “populismo” de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento político del país para garantizar la voluntad popular, como por ejemplo se hace en Colombia. En este país, sin ir más lejos, unos 70 parlamentarios del uribismo han sido investigados por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía por sus supuestos vínculos con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a la cárcel con sentencia firme por ese motivo. Cuatro millones de desplazados por el conflicto armado, auge del narcotráfico y el paramilitarismo bajo amparo oficial y la aquiescencia de Washington, violación sistemática de los derechos humanos, entrega de la soberanía nacional a Estados Unidos mediante un tratado negociado en secreto y que concedió la instalación de siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano y la fraudulenta manipulación procesal para lograr la re-reelección del presidente Álvaro Uribe son todos rasgos que caracterizan una democracia de alta “calidad institucional” que no motiva la menor preocupación de los sedicentes custodios de la democracia en Estados Unidos.

El desempeño electoral del líder boliviano es impresionante: obtuvo un triunfo arrollador en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, Julio del 2006, que sentaría las bases institucionales del futuro Estado Plurinacional; otra aplastante victoria en Agosto del 2008 (67 %) en el Referendo Revocatorio forzado por el Senado, controlado por la oposición, con el abierto propósito de derrocarlo; en Enero de 2009 el 62 % de los votantes aprobó la nueva Constitución Política del Estado y apenas unas pocas horas atrás, otra plebiscitaria ratificación de casi los dos tercios del electorado. ¿Qué hay detrás de esta impresionante máquina de ganar elecciones, indestructible pese al desgaste de cuatro años de gestión, los obstáculos interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la hostilidad de Estados Unidos, numerosas campañas de desabastecimiento, intentonas de golpes de estado, amenazas separatistas y planes de magnicidio?

Lo que hay es un gobierno que cumplió con sus promesas electorales y que, por eso mismo, desarrolló una activa política social que le ganó la indeleble gratitud de su pueblo: Bono Juancito Pinto, que llega a más de un millón de niños, Renta Dignidad, un programa universal para todos los bolivianos mayores de 60 años que carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana Azurduy para las mujeres embarazadas. Un gobierno que erradicó el analfabetismo aplicando la metodología cubana del programa “Yo Sí Puedo”, lo que permitió alfabetizar a más de un millón y medio de personas en unos dos años, razón por la cual el 20 de diciembre de 2008 la UNESCO (no los partidarios de Evo) declaró a Bolivia territorio libre de analfabetismo. Se trata de un logro extraordinario para un país que padeció una secular historia de opresión y explotación, sumido en una desgarradora pobreza por sus clases dominantes y sus amos imperiales pese a la enorme riqueza que guarda en sus entrañas y que recién ahora, con el gobierno de Evo, es recuperada y puesta al servicio del pueblo. Por otra parte, el solidario internacionalismo de Cuba y Venezuela también permitió la construcción de numerosos hospitales y centros médicos, a la vez que miles de personas recuperaron la vista gracias a la Operación Milagro. Importantes avances se registraron también en materia de reforma agraria: cerca de medio millón de hectáreas fueron transferidas a manos de los campesinos y en la anunciada recuperación de las riquezas básicas (petróleo y gas), lo que en su momento provocó el nerviosismo de sus vecinos, especialmente Brasil, más preocupado por garantizar la rentabilidad de Petrobrás que por cooperar con el proyecto político de Evo. Por último, el cuidadoso manejo de la macroeconomía le ha permitido a Bolivia, por primera vez en su historia, contar con importantes reservas estimadas en 10.000 millones de dólares y una situación de bonanza fiscal que, unida a la colaboración de Venezuela en el marco del ALBA, le permitió a Morales realizar numerosas obras de infraestructura en los municipios y financiar su ambiciosa agenda social.

Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes y no todo lo hecho está más allá de la crítica. En una nota reciente Pablo Stefanoni, editor de Le Monde Diplomatique en Bolivia, advertía acerca de la inestable convivencia entre “un discurso eco-comunitarista en los foros internacionales y una prédica desarrollista sin muchos matices en el ámbito interno.” Si bien la tensión existe, es preciso reconocer que la vocación eco-comunitarista de Evo trasciende con creces el plano de sus alegatos en los foros internacionales: su compromiso con la Madre Tierra, la Pachamama, y los pueblos originarios es sincero y efectivo y ha marcado un hito en la historia de Nuestra América. Por supuesto, el extractivismo de su patrón de desarrollo es innegable, pero a la vez inevitable dadas las características brutalmente predatorias que la acumulación capitalista asumió en Bolivia. Pensar que de la noche a la mañana el gobierno popular podría sustentar un modelo de desarrollo alternativo dejando de lado la explotación de las inmensas riquezas mineras y energéticas de ese país es completamente irreal. Bolivia no tiene a su alcance, al menos por ahora, una opción como la que en su momento tuvieron Irlanda o Finlandia. Pero sería injusto desconocer que la orientación de su modelo económico y su fuerte contenido distribucionista lo separan claramente de otras experiencias en marcha en el Cono Sur. Para ni hablar de la declarada intención de Evo de avanzar en la escabrosa -y, por eso mismo, lenta y erizada de acechanzas- construcción de un renovado socialismo, algo que nada tiene que ver con el nebuloso “capitalismo andino-amazónico” que algunos persisten en presentar como una tan inexorable como inverosímil antesala del socialismo.

Todos estos logros, sumados a su absoluta integridad personal y a una espartana cotidianeidad (que contrasta muy favorablemente con las abultadas fortunas o los elevados patrones de consumo que exhiben otros líderes y políticos “progresistas” de la región) han hecho de Evo un líder dotado de un formidable carisma personal que le permite vapulear a cualquier rival que se atreva a desafiarlo en la arena electoral. Pero además, su permanente preocupación por concientizar, movilizar, organizar a su base social -haciendo a un lado los desprestigiados aparatos burocráticos que, al igual que en la Argentina, Brasil y Chile no movilizan ni concientizan a nadie- no sólo satisface la impostergable necesidad de construir una subjetividad apropiada para las luchas por el socialismo sino que, al mismo tiempo, se constituye en una carta decisiva a la hora de prevalecer en la arena electoral. Las fuerzas de la atribulada “centroizquierda” del Cono Sur, que avizoran un futuro político poco promisorio habida cuenta del crecimiento de la derecha alimentado por su resignado posibilismo, harían bien en tomar nota de la luminosa lección que ofrece el triunfo de Evo en las elecciones del domingo pasado. Una lección que demuestra que ante el peligro de la restauración del dominio de la derecha la única alternativa posible es la radicalización de los procesos de transformación en curso. Derrotada en el terreno electoral la derecha redoblará su ofensiva en los múltiples escenarios de la lucha de clases. Sería suicida suponer que se inclinará sin dar batalla ante un revés electoral. Ojalá se aprenda también esta lección.




lunes, 7 de diciembre de 2009

¡Felicidades!


¡Felicidades Gabi!
¡Muchos besos y apapachos!
¡Te quiero mucho!

Manifiesto, Víctor Jara y John Lennon

Espero sea de su agrado.